PRIMERA PARTE (…continuación) Título 14.- 

 

LA GUERRA IRREGULAR

Luis Heinecker S

 

 

14. GUERRA PACIFICA. DESINFORMACION

 

A raíz de las instrucciones dadas por Boris Ponomariev ‑ jefe del Departamento Interna­cional del CC del PCUS ‑, en junio de 1974, el "brain trust" soviético se aplicó al estudio del “caso chileno", cuyo sabor agraz aún tenían en la boca.

Producto de esas órdenes, y adelanto de futuras operaciones, fue el informe elaborado por  el americanólogo del Kremlin, camarada Yuri Koiriolov, cuya síntesis daba a conocer Radio Moscú el 18 de agosto de 1976.

Dijo Koiriolov

"El caso de Chile ha confirmado una vez más el postulado marxista de que las fuerzas revolucionarias deben estar a la ofensiva".

Y añadía este sugestivo concepto:

"La experiencia de Chile enseña que las fuerzas revolucionarias deben dominar perfec­tamente todas las formas de lucha, saber aplicar la VIOLENCIA PACIFICA y no pacífica y responder con golpes demoledores..." (cit. por: Juraj Domic K., op. cit., p. 55).

 

Podríamos envanecernos.

Nosotros habríamos enseñado a los tiranos de Rusia una trasgresión básica a las reglas de la lógica universal.

Violencia pacífica.

Los habríamos inspi­rado a formular ese contrasentido que, al violar el orden de los conceptos, los inscribiría con letras indelebles en los anales de las normas del pensamiento fundada por los griegos. Tran­quilidad violenta. Sosiego desasosegado. Lo negro‑blanco. Lo oscuro‑claro. La noche‑día. El calor‑frío. ¡Genial descubrimiento!

 

Pero, aunque esto moleste a la vanidad chilena, debemos confesar que los comunistas,  desde siempre, han sido enemigos declarados de la lógica. Como que la reemplazaron por la "dialéctica" de los contrarios. Donde el Principio de Identidad ‑ que no puede afirmarse que una cosa sea y no sea a la vez, al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto ‑ es sustituido por el de la "unidad de los contrarios".

"La ley de la contradicción inherente a las cosas, a los fenómenos, es decir, la ley de la unidad de los contrarios, es la ley fundamental de la naturaleza y de la sociedad y, en consecuencia, la ley fundamental del pensamiento".

(Mao Tsé‑Tung, "A propósito de la contradicción", Bs. As., Cuaderno de Cultura, 1953, p. 37).

 

A partir de ese postulado no hay modo de entenderse con un hegeliano marxista. Donde uno dice "frío", él puede interpretarlo como calor, frío y hasta templado. Por eso, no hay diálogo posible, porque no hablamos el mismo lenguaje, y no hay traductor que lo torne unívoco.

El equívoco es el modo de pensar marxista. Y, dentro de la lógica, del error en el pensar,  se deriva el engaño en el obrar. Si piensas mal, actúas mal, aunque lo contrario no sea necesario.

Por ese sendero tortuoso han llegado a “la guerra llamada paz", que dijera Alexander

Solzhenitsyn. Algo ininteligible para un hombre de simple sentido común.

Sin embargo, desde que se sabe que éste es uno de los "sentidos menos comunes",  conviene hacer el esfuerzo para ubicar el pensamiento de los marxistas.

 

Antes que Yuri Koiriolov, el "Jefe Genial de los Pueblos" (a quien rindiera tributo  emocio­nado don Salvador Allende), José Stalin, en octubre de 1952, decía en el XIX Congreso del PCUS:

 

        "El objetivo del actual movimiento por la paz (nota: Stalin aludía a los "Partidarios  por la Paz", la campaña de paz de Estocolmo y a la actuación de otros frentes y células comunistas) es inflamar las masas instigándolas a la lucha para defenderla".

 

“Luchadores de la Paz", "Combatientes de la Paz", se autodesignaban los movimientos de "fachada" del PC. Y el benévolo Stalin ‑ que tan sólo mandó matar unos 60 millones de personas, alrededor de cuatro veces la población de Chile ‑ no era, tampoco, el inventor del cuño antilógico.

El profesor de la Universidad de Georgetown, James D. Atkinson, en uno de importantes libros sobre la cuestión subversiva, expone las ideas de Lenin acerca de este punto.

 

Dice:

 

        "Cabe notar que los comunistas emplean los términos «batalla», «lucha>,, «encuentro» y «combate» para referirse a situaciones que los no comunistas considerarían de paz.

        “Y ello se debe a que el comunista no acepta la distinción de la dicotomía paz‑guerra que generalmente sostienen los no comunistas.

        “Para el comunista, su oposición al no comunista es constante, y cualquier declaración formal de conflicto sería a la vez provocativa y superflua.

 

        Resulta significativo que Lenin en su artículo «El programa militar de la revolución proletaria» emplee la expresión «la política de lucha»...

        Lenin construyó sobre este concepto, sobre la teoría de la lucha de clases de Marx, y sobre las implicaciones políticas de las teorías de Clausewitz... la idea de Lenin sobre la «paz» como técnica de lucha...

        Para los comunistas, «paz» es esa condición ‑y únicamente esa‑ que prevalece en el área dentro de la cual el comunismo domina la situación.

        En el resto del mundo (o sea en el mundo no comunista) reina un estado de continua lucha.

        Por consiguiente, la «paz mundial» no puede implantarse hasta que todo el globo sea en sí comunista...

        Con toda claridad, dentro de ese contexto la fórmula comunista «la lucha por la paz» se convierte también en la lucha por el mundo" (op. cit., ps. 19 ‑ 20 ‑ 23 ‑ 24).

 

Ahora sí, creemos que el lector estará brevemente introducido en ese mundo laberíntico que conduce a la "violencia pacífica", y no tan "pacífica", cuya ofensiva anunciaba don Yuri Koriolov.

Ataque que bien podía haberlo desatado el "Consejo Mundial para la Paz", puesto que ese frente de fachada era uno de los controlados por el Departamento Internacional de

Ponomariev.

"A lo largo de los años el Consejo Mundial por la Paz ha patrocinado muchas conferencias y resoluciones, en su mayoría destinadas a presentar a la Unión Soviética como amante de la paz", acota Brian Crozier, al examinar los organismos burocráticos dependientes e Boris Ponomariev.

Paz y amistad.

La Universidad de la Amistad Patricio Lumumba, de Moscú, era otro de los engranajes de su incumbencia.

¿Su plan de estudios amistosos...?

La “cobertura de cursos intensivos en terrorismo, guerra de guerrillas, lucha callejera, asesinato, abotaje, tiro de precisión, fabricación de bombas y explosivos, y demás parafernalia siniestra e la política de la violencia".

Alma Mater del Terrorismo. La Sorbonne de la subversión.

Para los "amigos", no militantes en el PC, como los del MIR chileno.

Los rodriguistas, en cambio, en tanto que afiliados al PCCh, eran derivados al “Instituto Lenin" (abreviatura con que era conocido el Instituto de Ciencias Sociales y Escuela Internacional de Marxismo‑Leninismo, de Moscú).

 

Distinción que aclara Crozier:

 

        "Cada curso (del Instituto) dura seis meses y en todo momento hay matriculados entre 300 y 600 hombres y algunas mujeres.

        Vienen de América Latina, el Mundo Arabe, de Europa occidental y meridional, de Asia y de Africa.

        Aunque los estudiantes están bajo constante vigilancia de la KGB, disfrutan los privilegios de los elegidos...

        Los entrenados no comunista para el terrorismo son procesados por medio de la Universidad Patricio Lumumba y enviados a campos de entrenamiento en Moscú y en Tashkent, Simferopol, Bakú y Odessa.

        Sin embargo, muchos van tan lejos como a Corea del Norte, que ha entrenado a varios millares de terroristas a cargo de la Unión Soviética.

De esa manera, la "Liberación Nacional" recibe un especial giro marxista" ("Occidente se suicída", Bs.As., Atlántida, 1979, ps. 139‑140).

 

Amistad y Paz. ¿Algún otro sentimiento pacífico...? “Coexistencia pacífica", por supuesto!

Al respecto, nos informa un testigo fidedigno. Un hombre del "Aparato" del PC, muy próximo a su CC, hasta 1972. Funcionario del Consejo Mundial de la Paz y profesor de la Universidad de la Amistad, Patricio Lumumba.

Michael Voslensky, miembro de la nueva clase, la “Nomen­kIatura" soviética, asegura que:

 

        “la «coexistencia pacífica» no implica solamente paz y amistad, sino que es  también una forma particular de la lucha de clases a escala planetaria, es decir, de la lucha de la Nomenkiatura por la hegemonía mundial"

 ("La Nomenklatura. Los privilegiados en la U.R.S.S.", Barcelona, Argos‑Vergara, 1982, p. 321).

 

Tenemos, pues, cerrado este primer circuito dialéctico.

Que va de la paz, pasando por la amistad, hasta el dominio mundial.

Las palabras de revés, dadas vueltas. El frío caluroso. La falsedad intrínseca del marxismo.

Por la cual ha sido definido como "intrínsecamente perverso". Mentira que, en su plano operativo de la Guerra Irregular, se manifiesta con las técnicas de desinformación.

 

Pero antes de seguir adelante con nuestro tema, permítasenos una digresión.

Acabamos de citar a dos especialistas de renombre internacional. Brian Crozier ha sido director del “Institute for the Study of Conflict", de Londres, Michael Voslensky ha sido vicepresidente de la Comisión Conjunta de Historiadores de la URSS y de Alemania Oriental, con diversos cargos en la Academia de Ciencias de la Unión Soviética.

Y en sus obras, ambas personalidades mencionan a Chile.

Voslensky, al describir los planes de hegemonía mundial de la burocracia soviética, consigna lo siguiente:

 

        "La Nomenklatura otorga igualmente una importancia muy particular a los problemas latinoamericanos y ha concebido algunos proyectos relativos a esas regiones...

         Cuba juega un papel importante en esos planes.

        También esperaba mucho de Chile.

        En  Moscú se oía decir desde hace mucho tiempo que Chile, delgada franja de tierra que se extiende desde el sur hasta muy al norte del continente sudamericano, podía ‑dada su posición geográfica‑ convertirse en la base ideal para un movimiento de guerrilleros comunistas en numerosos países latinoamericanos" (op. cit., p. 327).

 

Lo que el ruso indica lo corrobora el inglés.

Brian Crozier ‑corresponsal de Reuter, redactor jefe de The Economist, columnista en el National Review, y comentarista de la BBC ­ha ilustrado su famosa tesis de la "subversión competitiva" con el caso de las desinteligencias entre el MIR y el PC chilenos.

Destaca que Salvador Allende y los comunistas tenían elaborado hacia 1973 un "Modelo Santiago". Lo expone con estas palabras:

 

        “No había Ejército Rojo para intimidar a la gente (la intimidación venía del  violento MIR), ni tampoco los comunistas controlaban el Ministerio del Interior (como en el modelo Praga de 1948).

        Sin embargo, la economía chilena estaba firmemente en manos comu­nistas, y eso hubiera podido ser suficiente...

        Y el Modelo Santiago hubiera podido fructificar casi con certeza en otro satélite soviético por control remoto si Allende y los miristas se hubieran quedado tranquilos.

        En cambio, la irresponsabilidad del presidente y la impaciencia de la izquierda revolucionaria hicieron inevitable una intervención militar.

        El colapso de Allende fue un serio golpe para los planificadores estratégicos soviéticos en la Tercera Guerra Mundial.

        Pronto sería tema de incontables seminarios y sesiones de autocrítíca entre los partidos comunistas de todo el mundo.

        De ahí la insistencia de Ponomariev en la infiltración de las fuerzas armadas donde­quiera que se contemple una acción revolucionaria"

(en su artículo titulado "La situación mundial y el proceso revolucionario" publicado en junio de 1974 por el órgano del Movimiento Comunista Internacional, "Revista Marxista Mundial", de Praga) (op. cit., p. 67).

 

En síntesis, los soviéticos "esperaban mucho" del gobierno de la UP, para convertir a nuestro país en “la base ideal" para extender el comunismo por Sudamérica.

Como no pudieron convertirnos en "satélite soviético por control remoto", no han cesado de deliberar acerca de su fracaso. Motivo más que suficiente para que nos odien "per secula seculorum".

Fin de la digresión, que no nos apartaba tanto del problema. En realidad, estábamos hablando de lo mismo. Hay quien nos aclarará la aparente paradoja.

Es quien fuera Director de Estudios Latinoamericanos e Hispánicos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacio­nales de la Universidad de Georgetown, en Washington, e investigador asociado del Centro Latinoamericano del St. Anthony's College de Oxford University.

Nos referimos a James D. Theberge, luego gran Embajador de los Estados Unidos de América en Chile.

Antes de ocupar ese alto cargo, Theberge, al pasar revista a la acción comunista en Iberoamérica, en 1974, escribía:

 

        "Por lo tanto (por los consejos desatendidos), Moscú estaba profundamente  alterado, pero especialmente sorprendido por la caída de Allende el 11 de septiembre de 1973.

        Tass admitió que la "experiencia chilena fue amarga y dramátíca", y Fidel Castro declaró que estaba "muy alterado por los acontecimientos de Chile".

        Moscú cortó relaciones diplomáticas con Santiago debido a la supuesta persecución de funcionarios soviéticos por la Junta Militar.

        Apenas una semana después de haber asumido el poder, el nuevo régimen comenzó a experimentar la inmensidad de la frustración y desagrado soviéticos expresados en una bien apoyada y mejor orquestada campaña de propaganda desti­nada a aislar y desacreditar al nuevo régimen.

        La prensa y los medios de comunicación soviéticos acusaron a la Junta de  "perseguir izquierdistas con una crueldad sin igual". Informaron que las calles de Santiago estaban bañadas en sangre" y que "cientos de miles de demócratas chilenos habían sido muertos".

        Alternadamente se informaba que el Presidente Allende había sido "asesinado a sangre fría", o "que había muerto como un héroe, resistiendo hasta el final".

        En represalia, la residencia de Allende supuesta­mente había sido "borrada de la faz de la tierra". La Junta "disparaba sobre mujeres y niños en un intento de intimidar al pueblo..."

        Aun Leonid Brezhinev, poco conocido por su devoción a la democracia occidental, expresó su horror ante la "monstruosa y total violación de la Constitución del país..."

("Presencia soviética en Améríca Latina", Santiago, Gabriela Mistral, 1974, ps. 117‑118).

 

¡He aquí, pues, como yendo detrás de la "amarga experiencia soviética", en Chile, en 1973, nos hemos dado de cara y manos con la desinformación!.

La campaña de mentiras sistematizadas, elemento básico de la Guerra Irregular, comenzada apenas unos días después de instalada la Junta Militar de Gobierno, en septiembre de 1973...

Y los soviéticos pudieron mover su orquesta periodística, en tan breve tiempo, porque la tenían bien afiatada desde antiguo...

 

Desinformación.

Jean‑Francois Revel ubica el tópico en su perspectiva bélica no con­vencional. Dice:

"La guerra ideológica, se libra en un solo sentido, guerra que sería más exacto denominar guerra de la mentira, puesto que toda ideología es mentira". Explica que es una mentira doble o triple. Un engaño "científico". Que se diferencia de la mera propaganda:

 

        “La eficacia de la propaganda directa siempre termina, en efecto, por debilitar,  porque toda fuente oficial choca con el escepticismo.

        La desinformación, más sutil, emana, pues, de fuentes que en apariencia no son soviéticas: ni siquiera comunistas, siempre dentro de lo posible.

        El refinamiento de la desinformación ha consistido, por ejemplo, en los inicios de la distensión, en hacer defender en Occidente las tesis provechosas para la Unión Soviética por hombres representativos del "gran capital” y de las tenden­cias políticas "reaccionarias".

        O también en penetrar lentamente en las iglesias cristia­nas.... para insuflarles un tema sustitutorio, más "público" que el tema religioso: la "lucha por la paz"; o en el Tercer Mundo, la "teología de la liberación".

        Un obispo siempre tendrá más éxito en ese registro que el agregado de prensa de la Embajada de la URSS" (op. cit., ps. 182, 172).

 

Esto es claro. Siempre sería mejor que Mr. Edward Kennedy o Monseñor Helder Cámara hablaran contra el General Pinochet, que el "tovarich" Leonid Brezhnev. Aunque a éste se le escapara aquello de que en Afganistán no se repetiría lo de Chile...

El mismo Revel proporciona varios ejemplos de la Desinformación Soviética.

Uno, el llamado "Rapport Fechteler”, (sic) publicado por el diario parisino "Le Monde" el 10 de mayo de 1952, nombre de un almirante norteamericano quien habría trazado planes estratégicos de belicismo desmesurado en el Mediterráneo, lo que provocó la inquietud del electorado francés.

El "documento" era una superchería de los servicios especiales soviéticos. Aprovech­ando que "los medios de comunicación occidentales apenas tienen memoria", repitieron el id en 1978:

 

        “La impostura de 1978 conocerá una difusión y una longevidad todavía superiores.

         Tomó la forma de un "manual práctico" firmado nada menos que por Willíam Westmo­reland, el antiguo jefe del Estado Mayor de los Ejércitos.

        El distinguido general preco­nizaba en él que los servicios secretos norteamericanos se sirvieran de las organizacio­nes subversivas de extrema izquierda que operaban en Occidente para salvaguardar los intereses de los Estados Unidos en los países amigos, en los que los comunistas parecían estar a punto de acceder al poder.

        En una palabra, los Estados Unidos debían infiltrar los grupos terroristas e  impulsarlos a poner en apuros a los gobiernos democráticos aliados que eran culpables de indul­gencia con el comunismo.

        En el momento en que varias democracias europeas se hallaban enfrentadas a un terrorismo cada día más eficaz, y cuando se empezaba a osar mencionar una eventual complicidad soviética en ese terrorismo, los autores de la falsificación pretendieron incitar a la opinión a ver en los servicios secretos norteame­ricanos los verdaderos instigadores de la subversión.

        Idea ingeniosa pero difícil de creer.

        Por suerte la providencia velaba. Adoptó la forma de un periodista español, Femando González, a quien un milagro hizo dueño y señor de la falsificación, pomposamente considerada "top secret".

        El tal González previó su publicación en el semanario español “Triunfo” del 23 de septiembre de 1978.

        Pero, en un gesto de abnegación único en los anales de la prensa, “Triunfo” se privó voluntariamente de su exclusiva para ceder la primicia de la falsificación, en prepublicación, al diario madrileño El País, clasificado como “independiente de izquierda", que lo publicó primero, con toda confianza, en su número del 20 de septiembre.

        Y era porque, siendo Fernando González comunista y cercano a la Embajada cubana, más valía "lavar" la falsificación sumergiéndola en las aguas lustrales de un "gran diario independiente de centro‑derecha".

        Lavado perfecto, inmaculada concepción, porque desde El País la falsificación saltó por encima de los Pirineos para reaparecer en Francia en Le Monde tres días después.

        Se la vio luego serpentear por los Países Bajos en el semanario Virij Nederland del 7 de octubre de 1978, en Italia en L'Europeo del 16, en Grecia el 20 en To Vima, que proclamaba la “indiscutible autenticidad" de la falsificación y lo titulaba: "Un manual norteamericano secreto sobre las operaciones de desestabilización en la Europa occidental”.

        A partir de entonces, y aquí es donde reside el gran arte de la desinformación, la agencia Novostí estaba en condiciones de recoger la noticia citando como fuentes a esos diversos órganos respetables de la prensa occidental no comunista.

        La pura lógica impulsó desde entonces a Novosti, y a algunos de sus portavoces occidentales, a extrapolar ya convertir a los servicios secretos norteamericanos en  responsables incluso del asesinato del jefe de la democracia cristiana Aldo Moro por las Brigadas Rojas, de los atentados de la ETA vasca, y, ¿por qué no?, de la ocupación por un comando de fanáticos armados, en 1979, de la Gran Mezquita de La Meca.

        El inventario exhaustivo de la desinformación desbordaría el grosor hercúleo de  varias enciclopedias. ¡Hasta tal punto es universal! y ningún continente escapa a su irradiación" (op. cit., ps. 177‑178).

 

Realmente no se pueden enumerar todas las mixtificaciones elaboradas por los comu­nistas  en esta época de la historia. Como dice Jean‑Francois Revel, no caben ni en varias enciclopedias.

En todo caso, para quien se interese en estos asuntos, lo remitimos al artículo de Michel Heller, titulado "La desinformación, medio de información"

(en: "Politique Intematio­nale", invierno de 1980‑1981).

 

Lo que sí no podemos pasar por alto es un dato contenido en la descripción de Revel que  hemos transcrito.

El cree, por su posición ideológica, que ciertos órganos de prensa occidentales fueron absolutamente engañados con la falsificación del comunista González. Toléresenos la duda metódica, cartesiana que fundamos en el siguiente punto. El País, Le Monde, etc., del "centro‑izquierda" o “izquierda democrática", o como quiera llamárselos, que no son niños de pecho, estaban obligados al "chequeo" de la supuesta información que tan gentilmente se les brindaba.

Máxime, por sus tremendas implicancias para su aliado en la NATO.

No lo hicieron. Dieron curso a la mentira. Pudiera ser que en esa conducta, cuando menos irresponsable, hubiera incidido el afán de sensacionalismo del que vive cierta prensa. Lo concedemos. Pero, también, pudiera ser que hubiera existido complicidad. Eso nos lo deberá conceder Revel.

 

Y, ¿por qué hacemos este planteo al perspicaz crítico de L'Express… ?

Porque nosotros somos víctimas reiteradas de esa técnica de desinformación. No ya de la Agencia Novosti, de la Agencia Tass, o de Pravda, o Izvestia, o Radio Moscú. No. Esa, como dice Revel “es propaganda directa" revolucionaria. Que nadie, salvo los comunistas, cree.

 

No. A nosotros nos han hecho "desinformación" típica.

Las más grotescas y conocidas mundialmente: con la internación de armamentos en Carrizal Bajo o con el atentado que sufrimos en 1986.. En ambos casos se negó la autoría flagrante del comunismo internacional, hasta que, pasado un tiempo, fue admitida con plenitud.

Y los órganos de la prensa "seria y democrática" occidental, se prestaron a apañar las mentiras de los comunistas, reproduciendo, sin objeciones, sus "comunicados" y sus "conferencias de prensa" clandestinas. Y nos imputaron todas las muertes y los desaparecimientos habidos y por haber ocurridos o por ocurrir en Chile..

Y nos denigraron con sus campañas por 1as “violaciones de los derechos humanos", también curas y capitalistas metidos en ese baile desinformativo.

 

Pero, conforme al método objetivo que hemos adoptado, no vamos a hacer nuestro propio alegato.

Lea el lector lo que dice sobre el particular la escritora francesa Suzanne Labi (autora, entre otros libros notables, de "Stalin, el Terrible", "Cincuenta años de comunismo "La violencia política", "El mundo de las drogas", etc.).

Es ella quien ha sacado sus cuenta para mostrar que "no hay ninguna simetría en las condenas", ningún "balance equitativo”.

Leamos:

 

"De hecho las tiranías comunistas son considerablemente menos denunciadas que los poderes autoritarios anticomunistas.

Durante cerca de dos años, la mayoría de los medios de comunicación, que desbordaban de imprecaciones contra Pinochet, no dijeron una palabra sobre el gigantesco

genocidio perpetrado por los comunistas vietnamitas y camboyanos contra sus pueblos.

Luego fueron unas noticias apretadas en tres líneas en las páginas interiores de los diarios.

 

Un control operado durante todo el año 1976 en las columnas del Washington Post muestra que este órgano, prototipo del "espíritu liberal", señaló:

-                                            cincuenta y ocho veces violaciones de los derechos humanos en Chile,

-                                            veinticuatro veces en Corea del Sur;

-                                            y una sola vez en Corea del Norte comunista, a pesar de sus diez campos de concentración y sus agresiones sangrientas contra Corea del Sur;

-                                            cuatro veces en Cuba, a pesar de sus "jaulas de hombres", sus veinte mil prisioneros políticos, y el incalculable número de desaparecidos y ejecutados;

-                                            nueve veces en Camboya, a pesar de sus dos millones de muertos por la represión;

-                                            ninguna vez en Yemen del Sur, a pesar de sus quince mil prisioneros políticos y los numerosos asesinatos de opositores que allí se efectúan.

 

“La parcialidad del New York Tímes fue aún más impactante:

-                                            señaló sesenta y seis violaciones en Chile;

-                                            sesenta y una en Corea del Sur,

-                                            contra cero en Corea del Norte;

-                                            tres en Cuba,

-                                            y solamente cuatro en Camboya.

 

En cuanto a la cadena norteamericana de televisión N.B.C., en el año en que se consumó el genocidio en Camboya, no evocó ni una sola vez esta violación inaudita de los derechos humanos, mientras no dejaba de alborotar a la opinión pública en contra de los ataques a los derechos humanos en Chile, Argentina y Uruguay.

 

¿Quién había oído hablar de los horrores cometidos por los comunistas norvietnamitas en Vietnam del Sur, antes de que se manifestaran con el drama desgarrador de los barcos de refugiados navegando hacia la muerte?

¿Quién oye hablar alguna vez de las atroces prisiones de Castro rebosantes, desde hace veinte años, de miles de prisio­neros políticos renovados incesantemente cuando los antiguos mueren bajo los malos tratos?

¿Quién ha oído hablar de los colgamientos en masa de opositores en Yemen del Sur, en Etiopía, en Angola o en Mozambique comunizantes?

¿Quién ha oído hablar de los tres mil niños de Kalbincla deportados a Cuba en 1977 porque se negaban a enrolarse en el ejército de Angola?

¿Y del nuevo secuestro de niños en Kabinda, en 1979, enviados a los campos de guerrillas en la U.R.S.S. y a Cuba?

¿Quién puso al Afganistán procomunista de Tarak‑Amin al margen de la humanidad por sus quince mil prisioneros políticos que se pudrieron en las prisiones superpobladas antes de la inva­sión soviética, tres mil de los cuales fueron fusilados; y por los cuarenta y ocho estudian­tes pasados por las armas frente a su casa y a su familia porque se negaban a seguir un curso sobre la vida de su presidente, que era una marioneta soviética?

Imaginen que Pinochet hubiera cometido la centésima parte de este acto de salvajismo: todos los diarios del mundo lo habrían publicado a ocho columnas, vibrantes de indignación"

("Chile: el crimen de resistir", Semblanza, s/f., ps. 284‑285).

 

Eso hizo por nosotros la "prensa libre", principalmente la de los Estados Unidos, la a que  condenó a Nixon y ocultó los escándalos de alcoba de Kennedy, porque uno era “malo" y el otro el "bueno" de la película, 1iberals" o "radicals".

En cuanto a Francia, es la escritora Suzanne Labin quien retoma su tema:

 

"Cuando la TV y la radio francesas se desataron contra el General Pinochet por un  Letelier asesinado en U.S.A., jamás fue admitido un diplomático chileno en sus ondas para defender el punto de vista de su gobierno.

“Pero cuando la TV y la radio francesas buscaron ayuda para los cientos de miles de refugiados vietnamitas que se morían, especificaron muchas veces "que había que mantenerse por encima de la política" y que no se trataba de acusar a los responsables de Hanoi.

“Por el contrario, los diplomá­ticos vietnamitas comunistas pudieron venir con toda tranquilidad a "explicar", a través de nuestras ondas, las atrocidades cometidas contra esos náufragos por su gobierno.

"Se puede decir, sin exagerar, que los medios de comunicación controlados por la  izquierda condenan a Pinochet, en absoluto tanto como a Breznev, sino que mil veces más. Y como hemos visto que es diez mil veces menos culpable, resulta que la tasa de mala fe de la izquierda es de diez millones.

Y esta mala fe colosal no es gratuita" (op. cit., ps. 286‑287).

 

¿Por qué?, se pregunta la escritora francesa,

 "¿Por qué este ensañamiento de los medios comunicación de izquierda contra Pinochet?".

Y se responde con todo tino:

“Creo que la clave del misterio reside en el fracaso irremisible del proyecto de sociedad socialista, que fue aplicado por los regímenes comunistas"

(op. cit., ps. 287‑288). Por nuestro terrible "crimen resistir".

 

En suma: que existe un modo especial de la Guerra No Tradicional que es el de la desinformación.

Combate que se libra a través de los órganos de prensa y comunicación de masas.

Lucha con el lenguaje y el centimetraje.

Con un argot que hay que aprender a desco­dificar.

Así como ahora sabemos que:

-        cuando un terrorista dice que ha "expropiado", quiere decir que ha robado,

-        cuando dice que ha "eliminado" quiere decir que ha matado,

-        cuando dice que ha "combatido", quiere decir que ha tendido una emboscada artera,

-        cuando dice que ha "castigado", quiere decir que ha colocado una bomba en un lugar público,

-        cuando dice que ha "liberado" un pueblo, quiere decir que ha sometido por el terror a sus habitantes,

-        y cuando dice que ha recluido en una "cárcel del pueblo" y ha “Juzgado" a una persona, quiere decir que ha vejado y ha atormentado de un modo atroz al prisionero.

 

Así, de análogo modo, deben ser traducidos los términos empleados por sus camaradas de los medios de comunicación.

 

Cuando ellos deforman las noticias sobre la represión del terrorismo, desinfor­man.

El “lavado" de una noticia es el acto de pasarla de su fuente comunista a otra cuasi o no comunista.

El "vestido" de una noticia es la maniobra de cubrir con una información real otra subversiva y falsa.

El comentario "orientado" es la distorsión tendenciosa de un aconteci­miento, etcétera. Como en el "gran bonete", cada cual atiende su juego. Cada uno hace lo suyo en su campo

por la subversión.

 

Al fin de cuentas, para ellos, la guerra y la paz no se distinguen mucho.

Violencia pacífica.

 

Ponomariev, en 1974, ordenaba acelerar la ofensiva contra Chile, con 1as formas de luchas pacíficas y no pacíficas".

Ya en 1969 Volodia Teilteboim había aclarado que 1a expresión vía pacífica es un término obsoleto que no tiene ningún sentido"

("El Siglo", 16 de febrero de 1969).

 

Y antes aún, Luis Corvalán, en 1963, había especificado: "La diferencia entre la vía pacífica y la vía armada sólo está en el empleo o no de las armas como medio dominante de lucha. Dentro de una vía caben elementos de la otra"

("Revista Internacional", Praga, 1963, Nº 12, p. 7).

Al tenor de esas precisiones, bien cabe concluir que la desinformación es una parte "no armada" o "predominantemente no armada" de la Guerra Irregular marxista.

Con sus mentiras sistemáticas, los leninistas dieron cumplimiento a la consigna de Yuri  Koriolov de aplicar la "violencia pacífica" al pueblo de Chile.

 

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